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Matahambre: weblog de Ramón Brizuela Roque

Paraíso en el Hoyo del Guamá

Paraíso en el Hoyo del Guamá

Lo que sumerios y egipcios hicieron hace 6 000 años, lo están alcanzando los pinareños con mucho amor y paciencia, en la otrora finca La Cabaña en el bucólico Hoyo del Guamá.
Es un paraíso de 62 hectáreas, donde se abigarran la flora más evolucionada, como las orquídeas, con la más antiquísimas del planeta, sobre la que hollaron los grandes saurios.
El concepto del naturalista alemán Leo Weibel, de que Cuba es un continente en miniatura, halla su máximo exponente en los campos de Pinar del Río por su geología, suelos, paisajes y flora.
La nueva obra, un gran tesoro verde, cuya riqueza está en el modo que perpetúa el entorno y garantiza la existencia humana, emerge como un oasis para que perduren, en armoniosa familiaridad, plantas de las más diversas latitudes, que solo la sabiduría puede hacerlas convivir a pesar del antagonismo, cómo inicialmente dispusiera la naturaleza.
Por eso no es casual que el sagrado Ginkgo biloba llegara de una ignota montaña china y se afianzara en el campo pinareño, junto a cipreses, araucarias y la Microcycas calocoma, la enigmática Palma Corcho, endémica de la provincia y que fuera declarada Monumento Nacional Natural por su condición de fósil viviente del período Jurásico.

Hasta 6 000 especies

El Jardín Botánico de Pinar del Río ya es una realidad, que la atestiguan las 1 300 especies vegetales que reposan en su suelo, pero que se supone sobrepasen las 6 000 en el futuro, que es el inventario de la flora cubana actual.
La idea de este centro científico se sembró en 1998, durante una visita de la doctora Rosa Elena Simeón, la que fue acogida y fertilizada con el beneplácito y apoyo de la dirección del Gobierno provincial.
Pero eso no bastó, a fuer de ser honestos, debemos decir que además del esfuerzo del CITMA, de los 34 trabajadores, si no fuera por la inteligencia y la magia del doctor Armado Urquiola Cruz, la obra solo sería la génesis de un proyecto.
El científico pinareño, con su devoción profesoral, explica que el Botánico tendrá tres colecciones principales, el área fitogeográfica de la provincia, que caracteriza sus ecosistemas de vegetación de serpentinas, como es el caso de la Meseta de Cajálbana; la de Mogotes bien representada en Viñales, como en sierras del Rosario y las pizarras de la Sierra de Los Órganos, como los pinares de Matahambre, Viñales, Mantua, Guane; las arenas blancas del sur, específicamente Sandino y Guane, así como de calizas de edad reciente de la Península de Guanahacabibes.
La segunda colección incluye las hierbas medicinales, las de contenido folclórico y las que sustentan al hombre, como las viandas, hortalizas, granos, forestales y frutales, junto con las fuentes económicas: café y caña de azúcar.
El tabaco, por ser fundamental para el territorio, tendrá un lugar especial para mostrarle al visitante desde su origen hasta el producto terminado.
Todo lo anterior se hará a partir de tecnologías sostenibles, una agricultura orgánica que destierra las formulaciones químicas y explota las posibilidades y capacidades de los biopesticidas y biofertilizantes.

Monte Ewe y Bosque Arcaico

Entre los atractivos estará el Monte Ewe, dedicado a las deidades y cultos afrocubanos, donde se esparcen por el bosque la siguaraya, ceiba, paraíso, salvadera, álamo, vencedor, abrecaminos y el rompezaragüey, entre otros.
Por el sendero sistemático se puede incursionar en el fantástico mundo de la evolución vegetal, desde las especies más primitivas, por ejemplo la División Psilophyta, de la que existe un representante en Cuba llamado Psilotum.
Ahí estarán los musgos, licopodios, colas de caballo, helechos, gimnospermas (plantas con semillas y sin frutos), que abarcan desde el Silúrico, hace 440 millones de años, hasta el Jurásico, hace 185 millones.
El recorrido continúa hasta las plantas con flores, las más evolucionadas, diversificadas y abundantes en el planeta, hasta concluir con las orquídeas, una especie de reina de la flora.
En todas estas áreas los visitantes, y en especial los estudiantes, podrán estimar especies que solo conocen a través de la literatura, donde se conjugan desde las raras y exóticas hasta las más curiosas como el árbol del caucho, plantas carnívoras, venenosas, ornamentales como la magnolia o las aromáticas como la canela, cúrbana y la pimienta.
Los frutales son una colección muy rica y variada, que entre sus ejemplares tiene al Noni, muy demandado internacionalmente por sus propiedades antioxidantes y se le atribuye carácter preventivo del cáncer, entre otras virtudes.

Martí presente

El Bosque Martiano es el resultado de una exquisita búsqueda, donde se exponen todos los ejemplares de frutos, plantas y árboles que nuestro Héroe Nacional muestra en su extensa obra literaria.
Pero hay otras singularidades, como el Jardín táctil y olfativo para que las personas discapacitadas se recreen y entrenen en el conocimiento y la identificación de plantas.
Habrá una abundante colección de palmas - desde las barrigonas en extinción- hasta las de otras latitudes, junto a la espigada palma real y, de manera particular, un atractivo lugar en la que se exhibirán individuos vegetales vinculados a famosos botánicos como Juan Tomás Roig, Julián Acuña y Johannes Bisse.
En las áreas científico recreativas se contará con un acuarium, con plantas acuáticas y peces ornamentales, que además de su valor educativo tendrán fines comerciales para coleccionistas.
Los restantes espacios para el público son pabellones de exposiciones, géneros de lugares húmedos, hiperhúmedos y desérticos con abundancia de cactáceas y suculentas.
Al arribo, los visitantes contemplarán las Plaza del jardín, de importancia estética y recreativa, que incluye un laberinto de arbustos para el desarrollo del juego y la orientación de los niños.

¿Qué depara el futuro?

Es una obra ambiciosa, de extraordinario interés científico, pero con marcado acento turístico, por lo que muchas cosas dependen de un futuro probablemente no lejano, pero dependiente de la fluctuación económica, para que esa maravilla se revele en toda su plenitud.
Estamos refiriéndonos a las edificaciones proyectadas: el Centro de visitantes con su mirador, para otear todo el horizonte; la dirección; el Centro científico, con biblioteca, herbario y locales para la investigación; el Museo botánico; una residencia científica; un eco restaurante y las instalaciones socio administrativas necesarias.
Y aunque el jardín da sus primeros pasos, ya tiene metas, como el cumplimiento de un compromiso internacional para dentro de seis años, de tener en sus colecciones el 60 por ciento de la flora amenazada de extinción de la provincia.
Ese propósito permitirá un banco genético para retribuir las plantas a sus lugares de origen en caso de que exista una drástica disminución en las poblaciones originales.

Un ¡Gracias! fraternal (

Un lugar como este requería para su construcción de mucho apoyo, y muy aleccionadora fue la decisión del Gobierno Provincial, de donar sus áreas de autoconsumo, para dar cuerpo a la idea, pero que se vio respaldada además por la actitud de los campesinos del lugar que accedieron al cambio de sus tierras .
A ese ¡Gracias! fraternal hay que sumar la ayuda de la Asociación de Amistad Berlín Cuba, que desde el mismo inicio del proyecto ha estado junto a los cubanos, incluso con grupos de diez jóvenes colaboradores cada seis meses, pero que lo mismo trabajaban en temas científicos como en la parte agrícola.
Y tambièn un especial agradecimientos por los aportes de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Valencia, en España.

Discípulo de Aristóteles

El primer jardín botánico como tal fue creado por un discípulo de Aristóteles, Teophrasto de Efeso, que clasificó unas 500 especies vegetales, entre los años 384.322 a.n.e.
Otros muy antiguos son en 1544 el Jardín Botánico de Pisa, Italia; 1560, Zurich, Alemania; 1598, Montpellier, Francia; 1600 Copenhague, en Países Bajos.
El primer jardín botánico fundado en el área del Caribe fue en 1766 el de Saint Vicent, pequeña isla de las Antillas Menores. Le siguió en 1775 uno más pequeño en Jamaica. Los ingleses y franceses fueron previsores y crearon estas instituciones para aclimatar plantas como el mango, la canela y el árbol del pan, entre otros.
Los españoles, por su parte, no lo fueron en sus posesiones insulares y solo se recuerda la fundación de un jardín botánico en Cuba, en 1817.
Luego hubo varias gestiones que prosperaron desde 1795 por la Sociedad Patriótica Amigos del País, el Barón Alexander von Humboldt, Aimé Bonpland y el naturalista Martín Sessé.
En 1901, en las afueras de Cienfuegos se creó uno por Edwin P. Atkins, dueño del central Soledad, hoy Pepito Tey.
En la década del 30 se construye en Soroa, Pinar del Río, por iniciativa del abogado doctor Tomás F. Camacho, un jardín privado especializado en el cultivo de orquídeas.
En 1967 el Gobierno Revolucionario asignó a la Universidad de La Habana la responsabilidad de la creación de un nuevo Jardín Botánico Nacional, situado en Calabazar, Ciudad de La Habana y que contó con la asesoría directa del Profesor doctor Johannes Bisse, de la Universidad Friedrich Schiller de Jena, Alemania.

Pródiga cuna de cobre

Pródiga cuna de cobre

En la caprichosa geografía del norte de Pinar del Río, dentro de un gran cráter rodeado de lomas, que en sus entrañas atesoraron en su momento, el cobre de una de las minas más pródigas de América Latina, se encuentra Matahambre, una finca que arrastraba el enigmático nombre aún antes de del hallazgo minero.
Un humilde campesino –Victoriano Miranda – fue el artífice inicial del descubrimiento, cuando buscaba sus animales se detuvo en lo que luego se llamaría Paseo del Ruiseñor y cuanta sorpresa le causó aquella piedra jamás vista por él.
En la ciudad se ocuparon de “llevarla a los laboratorios” y la cofradía del Alfredo Porta, un farmacéutico y político, y un ingeniero que ocupara cargos de ministro en unos de los gobiernos republicanos, también dedicado a la política, corrieron con la investigación que ya el 24 de febrero de 1913 daba cuerpo y alma a un emporio y comenzaba a ofrecer su cobre al mundo, primero a través de capital nacional y luego de la American Metals Company.
El surgimiento de la mina atrajo a gente de las más diversas nacionalidades, el pueblo se convirtió en un feudo de propiedad norteamericana, con guardia jurados propios y aunque hubo cubanos que disfrutaron algunos beneficios, realmente los mayores frutos escaparon hacia los Estados Unidos, que como es de suponer supo sacarle provecho proveyendo de cobre a las industrias de armamentos durante las dos grandes guerras mundiales.
Entre esos emigrantes estaba mi padre, no con espíritu de minero porque jamás lo fue, sino como parte de las oleadas de españoles que en el siglo XX, con mucha dignidad, hicieron del comercio en Cuba su mejor forma de vida.
Matahambre, aún explotado, brindó a sus habitantes mejores perspectivas de vida que otras muchas localidades de la provincia, otrora entre las más atrasadas del país. El minero pasaba por el rito diario del que cotidianamente arriesga su vida, pero con la certeza de que llevaba en el bolsillo el sustento de su familia.
La Revolución hizo transformaciones radicales, recuperó para el país el patrimonio de los recursos naturales, dio mayor dignidad a su pueblo, realizó incuestionables mejoras sociales e incluso llegó a crear una universidad minera.
Pero la mina vieja y cansada, con el mineral a una gran profundidad, que además de riesgoso era incosteable, cerró sus puertas, pero nadie quedó desamparado, se buscaron nuevas fuentes de empleo, los viejos hierros quedaron como un museo viviente, donde a cada paso de respira historia.
Y justamente esa historia fue escrita por la gente más humilde, que extraía dinamita de los frentes de producción para entregarla a los revolucionarlos que luchaban contra Batista; fue escrita por los que libraron luchas sindicales contra los administradores siempre americanos de esa mina; por los que después del triunfar la Revolución la mantuvieron funcionando, a pesar de que los gobernantes estadounidenses perseguían por el mundo a los proveedores de materiales, para que no se le pudiera vender ni un tornillo a esa industria nacionalidad por Cuba.
Es imposible sintetizar toda la historia que encierra ese embrujado pueblo, embrujado en el mejor sentido de la palabra, porque quien lo visitaba no quería abandonarlo, porque no lo hacían desistir ni el susto de la Loma del Viento, por donde hay que llegar sorteando la serpenteada carretera con grandes precipicios a ambos lados.

Sabanalamar-San Ubaldo

Sabanalamar-San Ubaldo

* ¡Silencio, cocodrilos duermen! *La cartacuba: pequeña joya que canta *Arena casi exclusiva en Pinar del Río

Lo que a la naturaleza le costó millones de años producir, quizás en unos 45 el hombre lo haya destruido. No es reflexión pesimista infundada, sino el consenso de un colectivo de científicos hecho público en la revista Nature.
Lo anterior fue una investigación que abarcó a 1 103 especies de plantas, mamíferos, pájaros, reptiles, ranas e insectos de Sudáfrica, Brasil, México, Costa Rica, Australia y Europa.
Para que esto no ocurra en Cuba existen las áreas protegidas, que son porciones de territorio que atesoran una valiosa flora y fauna, pero además tienen excepcionales condiciones que merecen ser privilegiadas.
La Reserva florística manejable Sabanalamar- San Ubaldo, en el extremo sudoccidental de Pinar del Río es una muestra, con sus 5 212 hectáreas de bosque, de las que comparte 354 con el mar y su importante ecosistema de manglar. Los límites se extienden hasta cerca del poblado costero de Cortés y en ellos se encierran más de 160 especies de la flora, casi la tercera parte endémicas.
En la zona se abrazan cinco tipos de formaciones boscosas, asentadas en su suelo casi exclusivo de arenas blancas, con el 95 por ciento sílice, y que solo comparte similitud con una porción en la Isla de la Juventud.
En esos bosques conviven el pinus tropicalis, el caribaea y el quercus oleoides, verdadero roble cubano. En los bosques siempre verdes se yerguen la yarúa, caobilla, arabo y la jagua, aunque en el gran mosaico se reparten el espacio los marañones, encinos e hicacos.
En el sitio existen lagunas, donde los nenúfares de delicado amarillo tiñen con mayor colorido el ambiente, mientras que en la refulgente arena conviven nueve especies de las llamadas insectívoras, pertenecientes a los géneros drosera, pinguícola y utricularia.
Por el elevado endemismo, ideal para el turismo especializado –que está en vías de aprobación comercial- , se trazó un sendero interpretativo que permite apreciar los principales tesoros de la flora y la fauna del lugar; por lo que el guía Diosvany Amaya está deseoso de comenzar.

La educación ambiental

Realmente Sabanalamar- San Ubaldo es un sitio para la esperanza, porque allí se protegen no solo las plantas, sino también la avifauna, los reptiles, mamíferos y hasta insectos porque el lugar da justo abrigo al conjunto de la biodiversidad.
Para ello Ana Carolina García Porras, la directora, cuenta con 83 empleados, y entre los técnicos Katia Izquierdo, especialista en Fauna; Félix Ramírez, en Selvicultura; y Omar González, en Flora.
Se desarrollan 14 proyectos de conservación, fauna, manejo, selvicultura y educación ambiental, y aunque este aparezca último en la relación en es el primero en todo, porque debemos tener en cuenta que el hombre es el principal depredador y son muchas las plantas, aves amenazadas y hasta los cocodrilos en vida libre.
En los árboles se aprecian los tocororos, la cartacuba como una pequeña joya sonora, el sijú de la tierra, endémico de la región, los carpinteros, pitirres, sinsontes y hasta alguna cotorra que aunque es de Guanahacabibes en época posterior a los ciclones se disloca por la zona.
La tan necesaria educación ecológica se imbrica fuertemente con las escuelas de la zona, pero también se lleva a los centros de trabajo e incluso la llevan allende a sus fronteras.
Sin embargo, dentro de esta área hay un micromundo que está por descubrir por los millares de personas que recorren la zona, y es el zoocriadero de cocodrilos acutus, donde se sigue la continuidad de la especie desde su nacimiento hasta su edad adulta, donde en las múltiples lagunas se solean como turistas en su propio medio.

Entre acutus americanos

El Crocodylus acutus pertenece al orden de los reptiles Crocodilios que aparecieron hace 200 millones de años. Sus antecesores vivían originariamente en tierra y tenían una constitución ligera, pero se diversificaron en formas acuáticas y anfibias
Los Crocodilios son, desde el punto de vista fisiológico, los reptiles más avanzados; su anatomía interna se asemeja a la de las aves. Tienen un corazón con cuatro cavidades y sentidos bien desarrollados. De sangre fría, como todos los reptiles —su temperatura corporal depende de la temperatura ambiental— estos animales se entierran en el barro (lodos) para hibernar o estivar.
El orden Crocodilios engloba unas 23 especies vivas, agrupadas en tres familias: Aligatóridos (Alligatoridae), que incluye a los aligatores y caimanes, Crocodílidos (Crocodylidae), los cocodrilos verdaderos, y Gaviálidos (Gavialidae), representados por una única especie.
El zoocriadero, tiene 20 años, y en la actualidad poseen 719 ejemplares de diferentes edades y tallas. Ellos están distribuidos en diferentes lagunas y cubículos donde se encuentran los más pequeños acabados de salir de los huevos, hasta los mayores que asemejan pequeña palmas derribadas.
De acuerdo con su programa, cada año en convenios con el Servicio Estatal Forestal debe soltarse un 16 por ciento de los animales, en otras lagunas próximas al criadero y que no ofrecen peligro para la población, donde continúan un monitoreo y protección de la especie.
El acutus a pesar de ser fuerte, es muy débil en el medio natural, por lo que se asegura mejor su reproducción en cautiverio. De esta forma se mantiene su continuidad y permite a los biólogos hacer los trabajos pertinentes.
Aunque resulta atractivo, la mayoría de los vacacionistas que visitan la playa Bailén, a unos dos kilómetros, desconocen que pueden visitar el sitio por un módico precio de dos pesos (moneda nacional) por persona y si desea tomar fotografías entonces cinco; en el caso de extranjeros el precio es el mismo, pero en pesos convertibles.
El bucólico paisaje invita a la meditación, donde el mayor ruido es el del viento, y resulta atractivo estar tan próximo a esos feroces animales, que sin embargo la mayor parte del tiempo la pasan en un aparente sueño o en ocasiones con sus fauces abiertas, que para muchos es una alerta de su peligrosidad, pero para los especialistas no es más que una autodefensa para regular la temperatura del cuerpo por la carencia de sangre caliente.

Una parte enterrada de la historia pinareña

Una parte enterrada de la historia pinareña

*Un municipio de cuando corsarios y piratas

En el olvidado sitio de Bajas hay un antiguo cementerio, que quizás para muchos no sea más que un estorbo en el paisaje, para otros una enyerbada ruina, para algunos el santo lugar donde reposa los restos de sus seres queridos, pero para unos pocos es un mudo testigo de una historia muy vieja que desconocen la mayoría de los pinareños.
Aquí, en la costa norte de Pinar del Río, yace enterrada parte de la memoria vueltabajera, donde se abrazan los municipios de Minas de Matahambre y Mantua, que conocimos por la acuciosa investigación de los licenciados Rolando Beades y Anicia Martínez García.
El diminuto pueblo blanco resulta un anacronismo entre tanto verdor, donde el malvado marabú, que seguro no estaba allí hace 400 años, se ha empeñado en ahogar, porque hace más de 30 años no se producen enterramientos.
Para los autores del inédito libro debe haber representado muchas horas de insomnio en el minucioso estudio de documentos, lectura de actas y otros viejos libros, que nos permiten saber hoy cómo era el Vueltabajo en sus inicios, su nacimiento y, quizás desde antes, la nueva jurisdicción de Filipinas.

Santo Domingo de Bajas
1596

El 27 de marzo de 1596 fue entregada la merced del territorio Santo Domingo de Bajas a Rafael Acosta, en un agreste lugar de la costa norte de la más occidental de la Isla, donde ya desde 1537 se suponía el tráfico de temidos corsarios y piratas que oteaban desde sus naves de guerra el litoral en busca de alimentos y otros géneros que rapiñar.
La zona no debe haber estado muy desarrollada, porque según Emeterio Santovenia en el año 1600 en el Vueltabajo (hoy Pinar del Río) habría una 600 personas y en el territorio que ocupa Matahambre serían unas 40, tomando como criterio que solo se habían mercedado para esa fecha cinco haciendas.

Nace Filipinas

El 23 de julio de 1774 Felipe de Fonsdeviela había fundado la tenencia de gobierno de Filipinas, que se extendía desde el río Los Palacios hasta el cabo San Antonio.
En este desandar histórico, 53 años después, surge el partido de Bajas, que según Esteban Pichardo comprendía la zona norte y el centro del actual municipio de Minas de Matahambre, aunque luego se le agregó – en 1847- Malas Aguas, que hasta entonces pertenecía a Consolación del Norte
(La Palma).
Cuando aparece Bajas como partido indudablemente había avance económico, porque ya existían cuatro zonas de pesca perfectamente delimitadas: por la costa norte Santa Lucía y Malas Aguas; Cayo Jutías a barlovento, de Antonio Ultarán, y Cayo Jutias, a sotavento, del Negro Caribe.
De acuerdo con el censo de población y viviendas de 1819, de José Aguilar, teniente gobernador de Filipinas, el partido de Bajas tenía ya 352 habitantes.

Por qué partido

La cabecera del partido era el propio poblado, en las tierras rojas que besaban el mar y al fondo abundantes bosques solo limitados por la cordillera de Guaniguanico. Su gobernación estaba a cargo de un subcapitán juez pedáneo, al igual que en los territorios de Pinar del Río y San Juan y Martínez, con igual nomenclatura.
Esta estructura gubernamental colonial tenía unas 13 leguas, del río San Diego al río Abra, confluencia del río Pan de Azúcar. Limitada al este y noroeste con Mantua; al suroeste y sur con Guane; al suroeste con San Juan y Martínez; al suroeste con Pinar del Río; al este con Consolación del Norte; y al norte con el Golfo de México.
La razón para que se legalizara como partido fue el poco progreso de Filipinas en sus 25 años de fundada, que se reveló por una investigación encargada a José María de la Torre y Antonio López.
Durante tres meses recorrieron el norte, por mar y por tierra y se hizo con la aprobación del IV Rey de España.

Las haciendas

Las riquezas de la época se encontraba en las haciendas y era común las compraventas incluso entre padres e hijos. Aparte de la pesca, por la proximidad de los pueblos a la costa, que también les reportaba muchos sustos por los inesperados visitantes marinos.
Además los fuertes eran la agricultura y la ganadería, fundamentalmente ganado mayor y puerco, como parte de una economía de supervivencia e intercambio.
Nombres sobresalientes de la época, propietarios de esas haciendas eran Francisco Miranda, Nicolasa Chirino, Luís Izquierdo, por solo citar algunos, que manejaban la economía de la región.
Durante esa época Bajas era todavía parte del municipio de Pinar del Río, pero el nueve de mayo de 1867 el Consejo de Administración de la Isla de Cuba aprobó su traslado para la jurisdicción de Mantua.

Las seis provincias

Por Real Decreto del nueve de junio de 1878, el Rey Alfonso divide la Isla en seis provincias civiles, cuyos nombres tomaron de sus respectivas capitales, por lo que surge Pinar del Río, provincia de tercera clase con 25 municipios; La Habana, única de primera clase y Santiago de Cuba, de segunda.
Con la anterior medida desaparecieron las jurisdicciones y los partidos comienzan a llamarse municipios, por lo que Bajas se quedó entonces sin su capitán pedáneo y los cabos de ronda de los cuartones Nombre de Dios, Malas Aguas y Quemados de Pineda. Las nuevas funciones las asumió el Ayuntamiento Municipal.
Ya el 12 de agosto de 1879 Bajas aparece como Ayuntamiento o Municipio, en lo civil adscrito al partido judicial de Pinar del Río, en lo religioso o eclesiástico -desde el punto de vista de diócesis- al Obispado de La Habana.
En 1880 tenía siete barrios, 10 fincas mayores, 170 fincas menores, dos policías, 21 guardias y un ingreso al presupuesto de 624 pesos.
Así transcurría la vida en el verdor del norte occidental, con un azulado mar, luchando por el desarrollo, pero si pretensiones patrióticas para los vecinos de esta región, que conocieron de la Guerra de los diez años, sin tomar acciones o por lo menos de ellas no sabemos.
No había dudas de que esta parte era un bastión español como correspondía a un país, fiel colonia de una metrópoli europea, con el poder político en sus manos, pero el económico ya se les fugaba a los Estados Unidos.
Hacia 1884 la naciente nación del norte absorbía el 85 por ciento de los productos de Cuba, particularmente azúcar y mieles, de cuya producción compraba el 94 por ciento.
Una muestra es el informe del cónsul norteamericano en la Habana, en 1881. “Comercialmente Cuba se ha convertido en una dependencia de los Estados Unidos, aunque continúe dependiendo políticamente de España.”

Decadencia y caída de Bajas

Cuando se desata la guerra necesaria de José Martí, la óptica era diferente a la de la primera contienda, había que llevar las hostilidades hasta occidente y destruir el basamento económico de la Corona.
Por eso se organizó y efectuó la victoriosa invasión del mayor general Antonio Maceo, que tuvo sus principales combates durante las operaciones en el territorio de Pinar del Río.
Era lógico que la mayoría de las comunidades occidentales fueran bastiones del gobierno colonial, y el resultado de las operaciones militares libertadoras así lo demuestran.
En 1898 un grupo de vecinos envía una comunicación al Gobernador General y otro por la Comandancia Militar, en el que se solicitaba se estableciera la cabecera del término municipal de Bajas en la playa Río del Medio, por razones de desarrollo del lugar propuesto, en cuando a prosperidad, aumento poblacional y de viviendas, pero la realidad era que el asiento de Bajas había sido casi destruido por la paso de las tropas mambisas.
Sin embargo la petición no tuvo respuesta…Bajas fenecía como municipio y se sumía en una involución indetenible, de la que hoy queda como simple testigo, el camposanto que las hierbas comerán de no tomarse acción, y que aunque no sea un elemento histórico patrimonial, es una huella del pasado de nuestros orígenes.
(Para dar cuerpo a este trabajo, fue de un valor inestimable la investigación de Rolando y Anicia, pero no sería justo, desconocer en la tercera etapa, el territorio entre 1510- 1898, la asesoría a ellos brindada por los masteres en Ciencias Luís Enrique Ginebra y Juan Carlos Rodríguez.)

Tierra de tesoros

Tierra de tesoros

Con su extraño nombre que nos hace evocar a los aborígenes, la Península de Guanahacabibes es sin dudas tierra de tesoros. No de los que la gente supone enterrados por corsarios y piratas, que hace siglos como plagas incursionaron en el sensual Caribe, sino por la riqueza de su flora y fauna, los sitios arqueológicos y la virginidad de su bosque, que vio roto ese encanto con el huracán Iván.
Como una tierra de mil caras alberga en su seno la Reserva de la Biosfera, declarada por la UNESCO, es área protegida del Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente y también Parque Nacional, pero con irresistible interés turístico y elemento económico fundamental del municipio de Sandino, en el extremo occidental de Pinar del Río.
Guanahacabibes es una zona llana, al decir de los geógrafos, formada durante el cuaternario, con predominio de las rocas calcáreas, las arcillas y arenas blancas, donde hay un gran endemismo de la flora y una notable riqueza de avifauna, autóctona y migratoria, más gran diversidad de reptiles y mamíferos.
Pero como valor añadido a sus encantos naturales, es sitio de leyendas de cuando los piratas en sus correrías enterraban arcones con tesoros, y también de historias verídicas de los primeros años del período revolucionario actual, en que los grupos terroristas provocaban infiltraciones o realizaban salidas ilegales.
Más que eso, sin dudas Guanahacabibes tiene mucho que contar, por ejemplo la llegada de la expedición de Juan Rius Rivera con armas, municiones y hombres para las fuerzas del mayor general Antonio Maceo y Grajales, lugarteniente general del Ejército Libertador, que operaban en Vueltabajo como parte de la exitosa Invasión de Oriente a Occidente.
Ese hito histórico es harto conocido por tres elementos, en esa expedición llegó el joven Panchito Gómez Toro, el valiente Capitán hijo del jefe del ejército Máximo Gómez, que se inmolara junto al Titán, el general Antonio, el siete de diciembre de 1898 en la finca San Pedro de Rompe; también llegaron el llamado cañón neumático, decisivo en la campaña occidental y los primeros jóvenes rusos que se sumaron a la gesta libertaria.
El gesto internacionalista es de importancia, porque desde las primeras guerras emancipadoras, los cubanos tuvieron en sus filas a hombres de la talla de Gómez, Henri Reeves, Carlos Roloff... hasta el último período guerrillero con el Comandante Ernesto Che Guevara.
Quizás si Guanahacabibes no tuviera tanto ingrediente distinto, el sabor científico, económico y turístico se minimizara, y solo sería magnífico asientos de tortugas en viaje de maternidad, nerviosos venados saltarines en sus bosques o puercos jíbaros y cotorras bullangueras.
El futuro turístico va con buenos pasos, una marina se enseñorea en sus costas; los avezados buzos encontraran belleza singular en sus corales; los bañistas de otras latitudes gozarán del sol y sus arenas, mientras que los trabajadores forestales de la zona, los pescadores, guardafronteras y gente de ciencia en expediciones, seguirán como el mayor tesoro de la inhóspita región y siempre servidores del amigo foráneo, aunque con pupila insomne para preservar la integridad de la belleza.