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Matahambre: weblog de Ramón Brizuela Roque

Importancia del Yo

Importancia del Yo

En la vida todos los excesos son malos, desde las formas externas exageradas en el vestir, hablar, comer y hasta opinar; pero peor lo son en lo interno, cuando el egocentrismo, el individualismo, la egolatría y la vanidad se convierten en estilo.

Pero no debemos temerle al Yo, tan necesario para ser uno mismo, porque si falta la autoestima, falla todo el sistema de valores, se pierde el criterio, el coraje, la honestidad y hasta la responsabilidad.

Una persona sin criterio propio, es el verdadero cero a la izquierda, a esa no la tienen en cuenta para nada, a nadie se le debería ocurrir ubicarla en un cargo, encomendarle una tarea importante o, simplemente, confiarle datos, recursos, ni siquiera información.

Por el contrario, a los que se creen saberlo todo, dominarlo todo, ser los mejores, les ocurre lo mismo, están condenados al fracaso personal y de lo que hacen.

Lo lamentable es que existen los dos extremos, los muy muy y los tan tan. Y no crea que los vocablos iniciales significan lo mismo; quizás se parecen, pero en el fondo tratan de personalidades diversas.

Los egocentristas tienen la tendencia a considerar sólo la opinión de ellos y sus propios intereses, porque se creen el centro del universo. Ellos valoran la realidad en función de la importancia que tiene para su yo.

Hay algo curioso, el sicólogo suizo Jean Piaget, uno de los primeros en estudiar el desarrollo de la inteligencia en los niños, postuló que el lenguaje entre los tres y cinco años de edad es en un 60 por ciento egocéntrico, ya que no existe diferenciación entre el yo y el mundo exterior.

Ajeno a la acción, el niño no presenta a esta edad ninguna función comunicativa y esta se realiza sólo a través de monólogos. A partir de los cinco años el niño comienza a sufrir una transformación y deja poco a poco de enfrentar las situaciones sólo desde su propio punto de vista.

Sin embargo, desde el criterio científico, el egocentrismo puede persistir patológicamente en aquellas personas incapaces de descentración (situarse en el lugar de otro), como los neuróticos, deficientes mentales o personas con retraso afectivo. Pero los hay que continúan con la deficiencia y son esos adultos que nos hacen la vida imposible en el lugar donde se encuentren.

Estos se asocian también con la corriente individualista, con la tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás, sin atenerse a normas generales.

Parece que son formas ingenuas de actuar, si embargo no lo son, porque regularmente conducen a la egolatría, que es el culto a la adoración y amor excesivo a sí mismo y a la vanidad, que equivalen a arrogancia, presunción y excesiva complacencia en la consideración de las facultades propias. Esto es igual al narcisismo, y no como erróneamente algunos creen que es sólo la adoración corporal.

Lo anterior me recuerda un pensamiento popular, que en ocasiones he repetido: "Quien nunca ha sido cosa y cosa lo hacen, ¡ay! Dios mío qué cosas hace".

Pero no le tema al yo, porque precisamente ser yo es ser uno mismo, y no es un juego de palabras para confundirlo: eso equivale a yo soy honrado, leal, honesto, cumplidor, decente, educado, respetuoso, solidario, humanista, y muchos etcéteras.

Una persona que respete su autoestima, jamás será fraudulento, vanidoso, prepotente y es así como hemos pensado al hombre nuevo, que todavía no tenemos, pero que aspiramos a lograrlo un día, a pesar del cambio de muchas reglas del juego, porque de lo contrario ¿para qué hemos trabajado?

 

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