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Matahambre: weblog de Ramón Brizuela Roque

Wilfredo, el incendiario

Wilfredo, el incendiario Por Ramón Brizuela Roque Fotos: Cortesía del autor


-El fuego es amigo del hombre, pero puede ser su mayor enemigo.
-Nerón quemó a Roma y recibió una rechifla histórica y universal.
-Cuando una persona incendia un bien patrimonial lo conducen a los tribunales.
-Wilfredo se convirtió en incendiario y lejos de reprimirlo, la Universidad lo premia: ahora es Doctor en Ciencias.


¿Quién es este hombre de singular historia, que apuesta a las bondades del fuego, no solo en interés de su provincia, sino de todos los bosques del mundo?
Luis Wilfredo Martínez Becerra nació en la llanura del sur pinareño, bien pudo haber sido cosechero de tabaco o ingeniero agrónomo; pero su amor por los bosques inclinó la balanza hacia la especialidad forestal, aunque en ambos mundos tiene asegurado un provenir: hace 22 años se hizo ingeniero, luego en el 2004 fue máster y ahora es Doctor en Ciencias Forestales.
Profesor de la Universidad Hermanos Saiz, de Pinar del Río; eventualmente ha impartido docencia en la Facultad de Montaña y actualmente jefe de colectivo de la asignatura Forestal uno en la Unidad Docente de ingeniería forestal, en San Andrés de Caiguanabo, ha entregado sus últimos 22 años a la tarea de enseñar e investigar.
En su currículo apreciamos que durante el período 1996-98 ejerció en la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial; participó en un proyecto de estudio en la Universidad de Castilla La Mancha, en España sobre la ecología del fuego y en un taller internacional en Belice, con otros representantes de diez países, en quema prescrita en áreas protegidas.



Quemar poco para preservar mucho

En 1998 le fue aprobado por la Defensa Civil un proyecto sobre manejo del fuego en ecosistemas forestales, bajo la dirección del Doctor en Ciencias Marcos Pedro Ramos Rodríguez, quien a su vez se convirtió en su tutor de la tesis doctoral Uso de quemas prescritas en bosques naturales de Pinus tropicales Morelet en Pinar del Río.
El propósito de este científico es la introducción en Cuba del fuego para disminuir el material combustible en los bosques y evitar o reducir los costosos incendios forestales.
Realmente esta tecnología de manejo de los bosques tiene sus simpatizantes y sus detractores, pero su eficacia es probada desde los alrededores de 1950 en países como Estados Unidos, México, Sudáfrica, España, Brasil y Francia, entre otros.
En Cuba se dan los primeros pasos en esta tecnología, que tiene como propósito eliminar o disminuir mediante el fuego el colchón de material combustible que se deposita en el bosque, para evitar así daños mayores en caso de incendio.
Es un procedimiento con defensores y detractores, los primeros se pronuncian por incinerar una pequeña porción del suelo boscoso en defensa de las grandes plantaciones, que podrían desaparecer por los voraces fuegos. Los segundo alegan que va en detrimento de la microfauna y contribuye al calentamiento global por las cantidades de dióxido o monóxido de carbono que se liberan a la atmósfera.
En ambos casos tienen razón, pero en el primero el daño a la microfauna es ínfimo, porque como son pequeñas áreas la recuperación es posible en un tiempo determinado; en lo segundo, nunca serán comparables las cantidades de gases dañinos que van a la atmósfera por una quema prescrita que el que libera un gran incendio forestal.
Además para dar candela, como se dice vulgarmente, se tiene en cuenta hasta la época de anidación en el suelo de algunas aves y las variables meteorológicas.
Por ejemplo en nuestro país esa quema es beneficiosa para las grullas, mientras que los beliceños dicen para en su caso es favorable al loro cabeza amarilla.
Su aplicación tampoco es anárquica, el Cuerpo de Guardabosques Forestales –participante directo en el control de las quemas- las prohibe en la época que va desde el primero de febrero hasta el 30 de mayo, por motivos de los fuertes vientos y el riesgo de la sequía. En la época permitida exige la mayor seguridad y habilidad de los participantes.

No es cuento de Caperucita

Los bosques, más que el escenario del cuento de Caperucita roja, su abuelita, el lobo y el leñador, son el resultado del equilibrio entre diversos factores ecológicos, uno de ellos es el fuego - administrado por la naturaleza -, el cual ha desempeñado un rol importante como regulador de la sucesión vegetal y especialmente en la forestal.
La frecuencia y la importancia de los incendios forestales están determinados, de forma general, por el clima, la topografía y la acumulación de material combustible en el suelo.
Hasta ahora las empresas forestales pinareñas han usado las quemas controladas para el manejo del bosque, pero con la aparición en el escenario científico de la quema prescrita como una forma superior de control, es lógico que prestan atención a las propuestas.
Antiguamente era ilógico pensar que el fuego fuera amigo del hombre, excepto para cocer sus alimentos, brindarle calor o como medio de deshacerse de cosas indeseables. Incluso algunos lo usan con fines malignos como ocurre a veces con los grandes fuegos en Estados Unidos y España, por solo citar algunos, donde se busca incinerar grandes cantidades de bosques para que la madera baje de precio.
Con el desarrollo científico tecnológico se ha demostrado que las quemas pueden contribuir a evitar cataclismos y que el hombre a tomado las riendas de un medio del que anteriormente solo disponía la naturaleza.
Los análisis se han hecho sobre la base de los riesgos y consecuencias, con la medición del costo beneficio y con la certeza de que todo bien administrado, como las fieras y el fuego, pueden ser domesticados por el hombre.
Un ejemplo de similitud son las vacunas, que con la creación de un pequeño foco de infección se logra preservar una vida; con una pequeña quema controlada, se puede preservar un gran bosque.

Incendiario, solo de nombre

Si hemos llamado este trabajo Wilfredo el incendiario ha sido sobre la base de lo paradójico que resulta, pero nada más alejado de la realidad, porque si algo ama este profesor devenido Doctor, después de su hija Mirna, sus padres y su esposa Mirtha, es al bosque.
Todavía no nos explicamos como sí su padre es tabacalero, por qué se inclinó por los pinares, pero su decisión ya había sido tomada desde que era alumno del instituto preuniversitario en el campo Antonio Guiteras Holmes.
Independientemente de su vocación, pienso yo, quizás en el corazón de Luis Wilfredo ha prevalecido la idea de la mejor forma de defender el endemismo del pino pinareño, aunque por supuesto nada hubiera podido hacer de faltarle el apoyo de los tutores, doctores Marcos Pedro, ya mencionado anteriormente, Jorge de las Heras, y la consultante Marta Bonilla Vichot, además de otros muchos profesores, alumnos universitarios, el Departamento Forestal de la Universidad y, de manera especial, la colaboración de las empresas forestales vueltabajeras y el Cuerpo de Guardabosques provincial y nacional.



















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