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Matahambre: weblog de Ramón Brizuela Roque

Pródiga cuna de cobre

Pródiga cuna de cobre En la caprichosa geografía del norte de Pinar del Río, dentro de un gran cráter rodeado de lomas, que en sus entrañas atesoraron en su momento, el cobre de una de las minas más pródigas de América Latina, se encuentra Matahambre, una finca que arrastraba el enigmático nombre aún antes de del hallazgo minero.
Un humilde campesino –Victoriano Miranda – fue el artífice inicial del descubrimiento, cuando buscaba sus animales se detuvo en lo que luego se llamaría Paseo del Ruiseñor y cuanta sorpresa le causó aquella piedra jamás vista por él.
En la ciudad se ocuparon de “llevarla a los laboratorios” y la cofradía del Alfredo Porta, un farmacéutico y político, y un ingeniero que ocupara cargos de ministro en unos de los gobiernos republicanos, también dedicado a la política, corrieron con la investigación que ya el 24 de febrero de 1913 daba cuerpo y alma a un emporio y comenzaba a ofrecer su cobre al mundo, primero a través de capital nacional y luego de la American Metals Company.
El surgimiento de la mina atrajo a gente de las más diversas nacionalidades, el pueblo se convirtió en un feudo de propiedad norteamericana, con guardia jurados propios y aunque hubo cubanos que disfrutaron algunos beneficios, realmente los mayores frutos escaparon hacia los Estados Unidos, que como es de suponer supo sacarle provecho proveyendo de cobre a las industrias de armamentos durante las dos grandes guerras mundiales.
Entre esos emigrantes estaba mi padre, no con espíritu de minero porque jamás lo fue, sino como parte de las oleadas de españoles que en el siglo XX, con mucha dignidad, hicieron del comercio en Cuba su mejor forma de vida.
Matahambre, aún explotado, brindó a sus habitantes mejores perspectivas de vida que otras muchas localidades de la provincia, otrora entre las más atrasadas del país. El minero pasaba por el rito diario del que cotidianamente arriesga su vida, pero con la certeza de que llevaba en el bolsillo el sustento de su familia.
La Revolución hizo transformaciones radicales, recuperó para el país el patrimonio de los recursos naturales, dio mayor dignidad a su pueblo, realizó incuestionables mejoras sociales e incluso llegó a crear una universidad minera.
Pero la mina vieja y cansada, con el mineral a una gran profundidad, que además de riesgoso era incosteable, cerró sus puertas, pero nadie quedó desamparado, se buscaron nuevas fuentes de empleo, los viejos hierros quedaron como un museo viviente, donde a cada paso de respira historia.
Y justamente esa historia fue escrita por la gente más humilde, que extraía dinamita de los frentes de producción para entregarla a los revolucionarlos que luchaban contra Batista; fue escrita por los que libraron luchas sindicales contra los administradores siempre americanos de esa mina; por los que después del triunfar la Revolución la mantuvieron funcionando, a pesar de que los gobernantes estadounidenses perseguían por el mundo a los proveedores de materiales, para que no se le pudiera vender ni un tornillo a esa industria nacionalidad por Cuba.
Es imposible sintetizar toda la historia que encierra ese embrujado pueblo, embrujado en el mejor sentido de la palabra, porque quien lo visitaba no quería abandonarlo, porque no lo hacían desistir ni el susto de la Loma del Viento, por donde hay que llegar sorteando la serpenteada carretera con grandes precipicios a ambos lados.
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